Cap. 1.
-¿Tienes ganas de guerra? -, preguntó solemne, apoyado con el brazo derecho sobre el aparador de la entrada.
-Sólo pretendo ser feliz -, le contesté seriamente.
Me ponía nerviosa el ir y venir de la moneda berlina por entre los dedos huesudos y alargados de la mano libre que aquel recio castizo de pupilas grisáceas zarandeaba sin esfuerzo alguno; era un tic más que un método de concentración.
No le era necesaria mucha atención; con asustarme le bastaba.
Nuestras capacidades físicas eran similares, pero él no tenía el problema del dolor; podía incluso fallecer a linchamientos sin soltar un grito, sin angustia.
El problema era conseguir que muriera.
Su pregunta era obvia, no más que mi respuesta: no soporto enfrentarme a nadie; pero su intención era no dejarme salir por la puerta, que me quedara sentada viendo la tele, o dibujando incluso.
En realidad tenía más libertades dentro que fuera, pero hacía demasiado tiempo que requería material nuevo para mis proyectos.
-Eres demasiado joven como para conseguir lo que te propongas -, prosiguió mirando a ninguna parte. Después, tras un silencio eterno, se acercó a mí y me olisqueó a corta distancia del cuello, tal que un sabueso hambriento. -No pretendas encontrarte esta noche con ninguna musa; primero porque escasean, y segundo porque, si recién has descubierto que no sabes amar, entonces: ¿de dónde te nace el amor al arte?
-También hace pocos días descubrí que podía sentir atracción de dos tipos.
-Sí, y la sexual reside en mi figura pero te ves imposibles si intentas dibujarme.
-Jamás he dicho que seas tú mi inspiración.
-Y, ¿cómo diferencias últimamente esos dos tipos de magnetismos? Soñando despierta y teniendo pesadillas eróticas; eres incapaz de reconocer la derrota-. Se alejó de mí a tientas.
-No, tienes razón. Ya estoy hundida en mi propio charco.
Cerré los ojos, empezaba a dolerme la cabeza.
Proseguí, repentinamente sin aliento: - Pretendo enamorarme de alguien por cariño, y al poco tiempo me encuentro con que ni le dibujaría desnudo ni me lo tiraría en las mismas circunstancias -ni en otras muchas.
<<Cuando por fin me doy cuenta de que algo falla, en vez de cortar por lo sano decido mantener la situación; pues en un principio no me afecta, porque no siento más que apego hacia la otra persona.
<<Me abstengo de sentir cualquier cosa durante un tiempo, y como no encuentro entelequias entre mis víctimas, no sospechan nunca nada, hasta que tú apareces con ganas de homicidios hacia los desgraciados que me encuentro a mi paso, y me amenazas con convertir mi corazón en hielo a no ser que finalice la falacia que esté viviendo.
El apuesto y lunático invidente respiró hondo.
-No pensé que lo entenderías tan rápido,- me dijo -, menosprecio a tu ego, eres tan arrogante como tu padre; del tipo que nunca lo dicen pero que se deleitan con las alabanzas de la gente como si chucherías serbias fuesen.
De pronto lo vi sentado en una silla, cercano a la puerta del comedor, con rostro cansado pero a la vez complacido.
Sus ojos brillaban con la intensidad que tienen los neones de los letreros de una calle transitada de la ciudad; también rozaban el cortocircuito a causa del mal contacto de... sus ideas.
Me acerqué a él y le di un beso, como tantos otros le había dado. Éste significaba más ternura que pasión, al contrario que la mayoría.
Lo entendió. A pesar de que él nunca se viese, el gesto de su cara era siempre muy expresivo.
-De todas formas eres la única razón por la que no he muerto emocionalmente-, me sinceré.
-¿Ahora soy tu esperanza?
-No, mi tozudez. Y, como creo fervilmente que existe el amor verdadero, tú me das fuerzas para que me empeñe en conseguirlo, aún oponiéndote a muchas de mis decisiones.
No sabría con certeza cuántos años me sacaba, pero pudiere ser mi padre prematuro.
Aún así era en el único en el que confiaba, pues era parte de mí. Y si una no confía en sí misma, entonces, ¿qué le queda?
Él era todo cuanto quería y deseaba, por tanto no pudo jamás servirme de inspiración, pues constituía el fruto de ella y no parte de la semilla.
Desde que abandonara mi infancia me acompañó siempre a todas partes y participó en mis decisiones más relevantes.
Poco a poco lo hice más hermoso, más codicioso y lascivo, pero sobre todo más inteligente, más culto.
Le incité a desarrollar el olfato como si fuese un coyote; incluso el arte se puede apreciar con una bocanada de aire; mientras que, de faltar la vista, hay muchos otros medios de disfrutar del alimento de las almas, y lo digo como dibujante novata.
Pero tanta perfección derivó en un problema:
"Las musas escasean", me repitió infinitas veces.
Con ello quería decir que, cuando él -hijo de todas mis inspiraciones- iba evolucionando, la cantidad de personas en el mundo que pudiesen servir como parte de su perfeccionamiento disminuía estrepitosamente.
Y ese día yo acababa de despachar mi último recurso poético, y todo porque me estaba enamorando de su figura hasta el extremo de hacerle modelo absoluto y supremo del exterior de mi ambrosío.
-Tengo que salir-, le rogué.
-Vale-, cedió al fin,- pero esta vez no te dejaré sola.
Eso último me alegró más de lo que quisiera se me hubiese notado.
La noche era húmeda, pero no hacía frío.
Lo que sí llamaba la atención era la falta de luz anaranjada o amarillenta de farolas y escaparates; parecía un apagón general.
Al girar la esquina de la calle miré hacia atrás y descubrí que estaba sola; como siempre, huyó antes de decirme siquiera qué podía buscar.
Deseaba salir y respirar aire fresco, pero no anhelaba caminar demasiado. Ya estaba cansada de todo cuanto me rodeaba.
Esa misma noche me rendí.














Comments
bueeno que si lo has escrito túu, me encantaaa! = D xD y no es por deciir eeh, es de verdaad(: bueeno, que a ver si te veo prontoo, que vuelvo el nuevee(:
besoos(:
cristinaH! ~ kyaH!
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~Vendo lenguas bífidas de repuesto para tertufascios.
"Proletarier aller Länder, vereinigt euch!"
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